Ebooks de salud y autoayuda

Mi amiga, era consciente del estado de abulia y depresión que yo arrastraba desde hacía años, cuando nos conocimos, yo ya estaba atrapada en las garras de una depresión “endógena” al menos eso era lo que me habían diagnosticado varios psiquiatras y psicólogos, pero entonces, aún no había alcanzado el grado de intensidad al que llegó pasado un tiempo, cuando la falta de interés que tenía por todo, fue ganando terreno a la iniciativa y a las ganas de vivir.

Con la mejor intención, mi amiga llegó dispuesta a captarme para su grupo de yoga y para vencer mis resistencias, comenzó a narrarme las infinitas cualidades de ésta disciplina que, según ella iban a acabar con mi sufrimiento. Debo reconocer que hacía todo lo que estaba en sus manos para que me integrara por ese grupo, con el que además de las clases de yoga, había entablado una bonita amistad, que le proporcionaba momentos muy agradables de tertulias y cafés.

Para vencer más fácilmente mi resistencia, comenzó por ofrecerme una amplia bibliografía de libros de autoayuda, con los que había hecho una lista de publicaciones, que llevaba anotada en un trozo de papel, Y con gran delicadeza y sin insistencia, sacó del bolso, sentada en borde de mi cama, dejándola sutilmente en la mesilla de mi dormitorio. Ahora que han transcurrido varios años, con la perspectiva que dan el tiempo y la distancia, intento imaginar la impresión que causaría en mi amiga aquella actitud derrotista, que mi imagen proyectaba metida en la cama a media tarde, sin otra excusa que no fuera mi desgana.

Convencida de lo inútil que iba a resultar conseguir persuadirme a base de argumentos, con gran sutileza, antes de irse, mi amiga dejó sobre la mesilla de noche, junto a la lista de títulos que traía anotada en aquel trozo de papel; una especie de libreta encuadernada en una espiral de alambre de tamaño pequeño, con una portada de colores neutros y relajantes. Aquel ejemplar, era un diario, en el que debía anotar los cambios de ánimo que tenía durante el día, de la mañana hasta la hora de acostarme por la noche.

Y antes de dormirme, tendría que hacer también unos ejercicios mentales de autoafirmación. Según mi amiga, aquel libro era el indicado para iniciarme en el cambio, luego vendrían otros que tenía pensado dejarme, pero esos serían para un nivel más avanzado. —¿Moda? ¿Negocio?— En aquella época, comenzaban a proliferar gran número de publicaciones de terapias naturales” también llamadas alternativas. Estos libros se vendían como rosquillas y a pesar del aluvión de publicaciones que salían, las librerías quedaban en pocos días sin existencias.

Había comenzado el gran negocio de librerías y editoriales, que se repartían pingües beneficios. Sin embargo, en aquellos momentos, el libro en cuestión no despertó ninguna curiosidad en mí o si despertó alguna, sin duda era menor que la fuerte presión que sentía en torno a mi garganta, así como también lo eran las ganas de llorar que con gran esfuerzo reprimía constantemente, tal vez, por no tener motivo para justificarlas. A pesar del sufrimiento que llevaba tanto tiempo soportando, si de algo estaba segura, era de que en mi caso, la promesa de cambio que supuestamente guardaba aquel libro en sus páginas, se perdería sin ser aprovechada; suponiendo que en sus páginas hubiera algo aprovechable.